La invención de Cupido
A Adolfo Bioy Casares
Me releía Alejandra, el otro día y pletórica de gracia, el poemilla de un tal Gonzalo Wilmut Mendoza, obscuro escritor rioplatense de nacionalidad desconocida cuya vida transcurrió por los 1700’s cuando una imagen increíble vino a mí. El adefesio es:
Alma no está
En realidad nunca estuvo
Ha estado
Alma Estado
¿En qué alma estará Alma?
La, ahora célebre, imagen se presentó como sigue:
Entreví que del grácil cuerpo de Ale salía el alma de Gonzalo Wilmut. Y las dos almas, la de Alejandra por medio de la bella voz y la de Wilmut por ser despertada, se regocijaban mutuamente.
Pasado el vértigo de la visión me propuse crear un aparato que llevara a la realidad esta labor por el momento imaginaria.
El dicho “el que persevera alcanza” no deja de tener razón y al cabo de 9 años de ardua investigación y fatigosa práctica tenía la máquina lista, la cual no alcancé a nombrar.
Después de algunas pruebas menores el aparato estaba listo para su prueba definitiva. El día 14 de Febrero fue el elegido.
Al momento de accionar el invento entró Alejandra a la habitación, mal funcionó el aparato y nuestras almas se unieron, se mezclaron y fueron una misma, pero en dos cuerpos.
Y hoy, yo, por mi parte, estoy loco. Creo. De Alejandra no tengo duda.
Febrero 1997